Intimidad, de esa que pocas veces logramos tener.
Indiferencia, de esa que suelo demostrar cuando algo no me gusta o me hace mal.
Dolor, de aquel que todos pasamos y pasaremos.
Amor, del que algún día pensamos que sentimos, y luego confirmamos que solo pensamos, hasta que llega ese nuevo amor.
Entre una clase de administración y el subir esos 7 pisos para llegar al aula, de aquel espectro que dice llamarse profesor, la rutina y el aburrimiento que se suman a un terrible dolor de espalda, luego de una noche de almohadilla caliente y dioxaflex, es que se va terminando la semana. Una mas, como las ultimas, que pasa volando, sin poder darme cuenta siquiera en que día estoy, para llegar a un fin de semana que pasa volando tras una comida afuera, amigos, un cine y una paseada de perro por el barrio y un poco de familia.
De aquellas cosas me acuerdo, cuando los sábados eran plaza serrano fija, alguna que otra compra, cafecito con amigas y comilona de paso, para pasar a una noche llena de cerveza y no recordad mucho mas, hombres que pasaban, veían, compraban o solo miraban, alguna que otra risa de esas tales como ,- no me importa mucho nada, solo pasarla bien – que dura un rato, un tiempo y después se va sola porque hasta eso vuelve a aburrir.
De esos fines de semanas corriendo, interminables, de salida viernes, sábado y por que no algún domingo a un ritmo mas traqnui, pero más veloz, que corre en lugar de caminar y que si no hago lo que pienso ahora, se paso y perdí la oportunidad.
¿De esto se tratara la vejeces? Es decir, del ni poder darte cuenta que el tiempo pasa volando y nos amargamos cuando pensamos que así es, que el tiempo siempre corre igual, solo que ahora lo vivo como si fueran 12 horas al día y de chica eran algo así de 30 horas diarias.
viernes, abril 04, 2008
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